Observaciones sobre el uso periodístico de los afijos adjetivales en los grupos nominales

(Publicado en Español Actual, Número. 12, noviembre de 1968, Madrid, págs. 1-6)

Brian Steel

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Hasta ahora el creciente interés por las investigaciones del español coloquial, dialectal y literario no parece haber despertado un interés semejante por otras variedades del idioma que se encuentran en la vida diaria. La omisión más evidente se podría denominar genéricamente «el lenguaie formal escrito», que consiste de los distintos sublenguajes del comercio, de la política, de la ciencia económica, etc., y muy especialmente, por la importancia que tiene en la vida diaria, del lenguaje del periodismo.

Criado de Val ha señalado que "La influencia de los periódicos, revistas y radio en nuestro lenguaje actual y futuro es incalculable" (1) y en la misma página leemos esta advertencia: "Diariamente sufrimos, para bien o mal, la lección indirecta de su lectura y nos contagiamos de su modos de expresión." A pesar de esto y de las quejas de los puristas contra las impropiedades lingüísticas cometidas por la prensa, todavia no se ha hecho, que sepamos, un análisis extenso del lenguaje periodístico de España.

De todos los trabajos presentados en la Asamblea de Filología del Primer Congreso de Instituciones Hispánicas, Congreso que tanto interés demostró por el estado actual y el posible desarrollo futuro del español, sólo dos rozaron este aspecto del español peninsular (2) -, aunque varias de las comunicaciones sobre el estado del idioma en Hispanoamérica mencionaron la destacada influencia de la prensa en el desarrollo del idioma y, según las Actas del Congreso, la Comisión B, que propuso la creación de la Oficina Internacional de Información v Observación del Español, reconoció, entre otras cosas, la urgente necesidad de estudiar el lenguaje empleado por los órganos de difusión (3).

Nos parece que las investigaciones sobre el lenguaje periodístico deberían basarse, en primer lugar, en el uso en cada área hispánica, después de lo cual se podría hacer un estudio comparativo para distinguir entre los rasgos esenciales (morfológicos, sintácticos y estilísticos, además de léxicos) del periodismo hispánico y los de índole local. Una síntesis de estas características representaría un capítulo más de la descripción integral del español actual.

Este pequeño trabajo, que no pretende ser exhaustivo y que se basa en la lectura de un diario español, el ABC, y del boletín informativo España Semanal, se ofrece como ensayo exploratorio de unas tendencias en el uso periodístico de España, que, tomadas en el conjunto, parecen indicar unas características léxicas, morfológicas y estilísticas de este lenguaje y, quizá, del lenguaje formal escrito en general. Se trata, en efecto, del frecuente uso periodístico de los grupos nominales que consisten de sustantivo + adjetivo derivado y, dentro de estos grupos, del uso de ciertos afijos predilectos en la formación de los adjetivos.

Conviene detenernos un momento para tratar de establecer desde el principio algunas diferencias fundamentales entre la literatura y el periodismo. Empezando con lo más evidente, notamos que existe una diferencia entre el mensaje y los propósitos del periodista y los del autor literario: éste encuentra su materia en la imaginación o en la memoria y escribe su «historia» de la manera que le parece más apta o elegante, y en tantas (o tan pocas) páginas como se le antoja, mientras aquél trata generalmente de presentar ciertos hechos u opiniones tan clara y concisamente como pueda, de manera que el lector quede enterado rápidamente de lo que el periodista desea comunicarle.

Además, las condiciones en las que trabajan el periodista y el autor literario también afectan sus escritos. El autor suele escribir lenta y cuidadosamente, con tiempo para meditar, pulir su estilo, repasar lo escrito y consultar obras de referencia, etcétera, si hace falta. El periodistá, en cambio, tiene que redactar su artículo muy rápidamente, en cuanto llega la noticia a la oficina o inmediatamente después de presenciarla, y le es preciso someterse al plazo riguroso y a la brevedad exigidos por la redacción de su periódico. Por eso, resulta que el idioma, que el autor literario puede considerar subjetivamente como la materia prima de un producto artístico, para la mayoría de los periodistas no es más que un instrumento utilitario que tienen que manejar lo mejor que sepan para informar al püblico.

Por si fueran pocas estas limitaciones, el periodista tiene que encararse continuamente con el problema de inventar palabras nuevas que, por definición, constituyen las noticias. A menudo esta necesidad de emplear vocablos nuevos se llena bastante fácilmente mediante préstamos o formas calcadas de lenguas extranjeras en las que surgen neologismos. A veces tales términos le llegan al periodista en inglés, debido al hecho, ya subrayado por R. J. Alfaro, que pertenecen "a empresas estadounidenses o británicas las más grandes agencias noticiosas del mundo" (4). Segán la tesis de Alfaro, a causa de este contacto diario con el inglés, se introduce en el español toda clase de anglicismos - no sólo los de carácter léxico- (5) y muchos de los casos que presenta Alfaro apoyan su teoría, aunque hay que subrayar que su obra se refiere más bien a la penetración de los anglicismos en el uso hispanoamericano, y en este respecto el español peninsular se revela más conservador que las variedades hispanoamericanas, como lo demuestra hasta el examen más superficial del diccionario de Alfaro.

Sin embargo, cuando nos referimos al origen de los neologismos periodísticos en el español, siempre hay que tener en cuenta la influencia del inglés y de otros idiomas, porque ni el español hablado ni el lenguaje literario están tan directamente expuestos a ella.

Con respecto a la necesidad periodística de crear vocablos nuevos, sería oportuno mencionar la facilidad que tiene el inglés para formar nombres compuestos y grupos nominales mediante la simple yuxtaposición de diferentes elementos gramaticales y la adjetivación de los sustantivos, etc. (por ejemplo, washing-machine, football match, trade union delegation, incomes policy, nuclear test ban treaty, etc.). Tal facilidad es bastante bien conocida de todos, y si se comparan los recursos del idioma español con los del inglés, se ve que aquéllos no permiten tanta flexibilidad ilimitada en la formación de nombres compuestos o grupos nominales como éstos. Esto no quiere decir que el español carece de sus propios recursos, sino que el nümero de "patrones" de los que dispone el español es más reducido.

Permítasenos recapacitar brevemente cuáles son los principales de estos recursos (6), descontando los vocablos o préstamos que vienen de fuera (por ejemplo, nylon, sputnik, etc.), porque no se forman segün los patrones del español. Normalmente se combinan elementos ya existentes en el léxico o en el sistema morfológico del idioma. De estas combinaciones se destacan las siguientes:
a) palabra + afijo: antitanque, subnormal, urbanístico, la secadora, la ingravidez, etc;
b) sustantivo + adjetivo derivado: la máquina fotográfica, etc;
c) sustantivo + preposición + sustantivo: el avión de despegue corto, la carrera de acceso, la venta a plazos, la producción en serie, etc. (La preposición más usual es de);
d)
verbo + sustantivo: el tocadiscos, el parabrisas, etc.;
e) sustantivo + que + oración: los aparatos que ahorran trabajo, etc.;
f) sustantivo + sustantivo: el centro piloto, las cifras "récord", etc. (La frecuencia con que se encuentran «galicismos» de este tipo nos inclina a considerar esta construcción como un recurso normal del español contemporáneo.)

Los nombres compuestos o grupos nominales de las tres primeras clases representan las formas más usuales en el español contemporáneo, y de éstos los de la clase c) parecen especialmente populares en el lenguaje coloquial, ya que corresponden no sólo al carácter esencialmente analítico del habla, sino también al número de sílabas por palabra que parece preferir esta forma del idioma. (En el español coloquial, la mayoría de las palabras tienen una, dos o tres sílabas (7) y, como se puede verificar con los ejemplos dados en las clases a), b) y d), muchas de las palabras que se forman de estas maneras tienen más de tres sílabas.)

En el periodismo, en cambio, como en el lenguaje formal escrito en general, aunque se emplean palabras y grupos nominales de todas estas categorías, destaca a veces una preferencia por las palabras y los grupos nominales de las clases a) y b) sobre los grupos más sintéticos de las clases c) y e), preferencia que se extiende más allá de los términos nuevos para crear formas alternativas con las que el periodismo reemplaza a menudo las expresiones más largas que se emplean en otras formas del idioma.

Antes de analizar algunos de los adjetivos empleados en estos grupos nominales, consideremos las posibles razones por las que el periodista demuestra esta preferencia. Primero, existe la razón estilística que impulsa a la mayoría de los que hablan o escriben el idioma a variar sus métodos de expresión para no incurrir en la repetición pesada o monótona. Esto explica el uso de los sinónimos en general y, especialmente, el uso de adjetivos como madrileño frente a de Madrid, gubernamental y estatal frente a del gobierno, del estado, etc. Además de esta razón, hay que tener en cuenta que la palabra de es la que más frecuentemente se emplea en el español (8) y, como ha escrito Martín Alonso, "tiene veinte acepciones y junto a un mismo sustantivo puede expresar doce relaciones diversas" (9). Por eso, cualquier intento de evitar el uso de esta palabra parece lógico.

En el periodismo se percibe un deseo similar de evitar el empleo excesivo del pronombre relativo que y de la oración que lo acompaña, no sólo en grupos de la clase e), sino en general. No se nos escapará la ventaja especial que tiene para el periodista la omisión de tales frases más o menos largas si puede sustituirlas por grupos nominales del tipo sustantivo + adjetivo derivado.

En resumen, diriamos que, donde resulta factible y útil, el uso periodístico prefiere a menudo las construcciones nominales relativamente cortas de sustantivo + adjetivo derivado. No es que pretendamos que este empleo se limite al uso periódico ni que este lenguaje goce de un monopolio de expresión concisa; al contrario, todas las formas del idioma utilizan construcciones como una lucha desigual además de su variante una lucha que es (era) desigual o un estudiante madrileño además de un estudiante (que es) de Madrid; lo que quisiéramos sugerir es que en el periodismo, y en otras formas del lenguaje formal escrito, estas construcciones se emplean más extensivamente que, por ejemplo, en el lenguaje literario o en el habla coloquial, incluso en muchas circunstancias donde estos otros lenguajes emplean formas más analiticas. En la segunda parte de este trabajo trataremos de ilustrar esta tendencia del lenguaje periodístico.

Los prefijos.

Aunque la GRAE (1931) establece una lista de las preposiciones y de los prefijos que se emplean para la formación de derivados en español, el idioma utiliza también muchos otros prefijos que no figuran en la lista académica, tales como auto-, bi-, cuasi-, infra-, intra-, macro-, micro-, mini(que ha dado, además de minifundio, la célebre pero quizá efímera minifalda), multi-, omni, pan-, pluri-, plus, poli- pos(t)-, tele, etc.

La mayoría de los prefijos se emplean en el vocabulario culto o técnico, y para los periodistas representan un recurso muy valioso para evitar expresiones perifrásticas (considérese el contenido de autocrítico, extraoficial, subnormal, interurbano, macroeconómico, por ejemplo). Otros derivados observados en los periódicos revelan una preferencia por ciertos prefijos que nos parece aún más característica de este lenguaje.

El más interesante de estos prefijos adjetivales, no, no se une al adjetivo para formar una sola palabra como los otros prefijos, sino que queda separado, formando con el adjetivo un compuesto especial. Además se encuentra más frecuentemente delante de participios pasados, usados como adjetivos verbales o para evitar una oración de relativo - función que aparece en la palabra "usados" que acabamos de emplear. A pesar de todo esto, hay que aceptar como grupos nominales frases como dos aviones no identificados, los países no alineados, rumores no confirmados, ya que consisten de sustantivo + elementos modificadores. Aquí la palabra 'no' se emplea como prefijo con un significado negativo parecido al de los prefijos a- o in-.

Este empleo de 'no' también se encuentra en otras formas del idioma, pero aparece tan frecuentemente en el periodismo (10) que creemos que se puede considerar como un recurso especial de este lenguaje. (Su función de prefijo delante de sustantivos ha sido registrada ya por M. Seco y M. Moliner en sus respectivos diccionarios) (1 l).

Así que parece que este nuevo prefijo se está imponiendo en el español como prefijo sustantivo y adjetival. Corresponde exactamente al prefijo inglés non-, al que debe sin duda su origen, y mientras ofrece al periodista otra ocasión de evitar el empleo de una oración de relativo, proporciona al idioma otro matiz (12) y otro recurso para la formación de grupos nominales.

Otro prefijo predilecto de los periodistas, que también evita el empleo de una oración de relativo, es anti-, en el significado original ("que es contra algo") que vemos, por ejemplo, en campañas antiespañolas y con un nuevo valor negativo (cf. antihigiénico, que puede indicar: a) que algo es contra la higiene o b) que no es higiénico, y antideportivo, que se aplica a algo que no es deportivo). Con este último significado, anti- se añade a la serie de prefijos negativos en el español (a-, in-, des-, etc.).

Otros prefijos de los que se sirven los periodistas para abreviar sus escritos son los morfemas geográficos sur- (sud) y nor-, que se emplean con los gentilicios para subrayar diferencias regionales cuando éstas llaman la atención del mundo periodístico: cf. los adjetivos norcoreano, surcoreano, norvietnamita y survietnamita. (Véanse las observaciones que hacemos más adelante sobre el uso de los gentilicios en el periodismo).

Los sufijos.

El empleo de los sufijos parece aún más típico del lenguaje periodístico que el de los prefijos y con ellos los comentaristas construyen otros grupos nominales que demuestran su afán de abreviar su estilo evitando el uso excesivo de la palabra de (13) y de las oraciones de relativo.

Si intentamos dividir los sufijos en clases distintas, podremos hacerlo mediante el significado tradicional u original del sufijo, procedimiento que nos ofrecerá las dos categorías siguientes:
a) Los derivados que evitan el empleo de una preposición (en grupos nominales donde sustantivo + adjetivo derivado reemplaza sustantivo + preposición + sustantivo);
b) Los que evitan el uso de una oración de relativo (o sea donde se prefiere la construcción nominal a la verbal).

En la lista de sufijos que, según la GRAE (14), se usan en la formación de nombres y de adjetivos, hay más de medio centenar que se usan con los adjetivos, pero el uso periodístico parece sentir predilección especial por un número reducido de ellos. Si tratamos de seguir la división que acabamos de hacer, estos sufijos típicos del periodismo son:
a)
-al coyuntural, estacional, empresarial, salarial, etc.
-ero Este sufijo es de uso muy extendido, sobre todo en la descripción de productos agropecuarios y similares: alcoholero, algodonero, arrocero, azucaro, huevero, lechero, maderero, marisquero, merlucero, olivarero, triguero, truchero, etc.
-ico Según la GRAE, este sufijo átono no se halla "más que en voces latinas, grecolatinas o cultas"; sin embargo, al lado de derivados más o menos "lícitos", como asfáltico y urbanístico, encontramos los neologismos futbolístico, tenístico y turístico.
-icio alimenticio, crediticio, cardenalicio, pontificio,
etc.

Aquí deberíamos añadir que el empleo periodístico muy extendido de los gentilicios se revela como otro recurso normal para abreviar a dos palabras una expresión de tres o más. Al lado de los ejemplos más corrientes, como madrileño, barcelonés, etc., se leen bastante frecuentemente otros derivados con doble significado de tipo burgalés, conquense, tarraconense (equivalentes a "de + ciudad" y a "de + la provincia de ..."). Mediante estos últimos el periodista puede expresar el mismo contenido que, por ejemplo el pueblo de Lerma de la provincia de Burgos con la frase más concisa el pueblo burgalés de Lerma. En efecto, cualquier página de cualquier periódico demostrará la facilidad que ofrece el español para formar los gentilicios mediante afijos y su utilidad para el periodista cuando quiere abreviar o variar su estilo o cuando nuevas localidades llegan a captar el interés mundial (cf. los adjetivos congoleño, katangueño, norcoreano, survietnamita).

b)
-ble: rentable, regable, incontrolable, etc.
-ado
-ido
El empleo de los participios pasados para evitar o reemplazar oraciones pasivas es muy extendido en el periodismo: cf. el texto refundido, los trabajos realizados, etc.
-ante
-ente
-iente
También destaca la preferencia periodística por los participios de presente, cuya formación resulta tan fácil: preocupante, resultante, refrescante, existente (que se emplea generalmente como sin6nimo de "actual"), descendente, divergente, saliente (con el significado nuevo de "que deja un puesto tras cierto período"; cf. el uso del participio en el grupo nominal inglés the outgoing mayor), etc.

El uso periodístico de otros sufijos en ambas funciones (o sea, ora equivalentes a de, ora reemplazando "que + oración") parece indicar que para el periodista un sufijo no es un elemento morfológico de significado restringido, sino un instrumento utilitario para la derivación de palabras, cuyo significado queda estrechamente ligado al sustantivo calificado. Si esto es cierto, se puede deducir que en el lenguaje periodístico muchos derivados ya no tienen un contenido semántico independiente, lo que nos llevaría a la conclusión que en el periodismo el grupo de sustantivo + adjetivo derivado constituye una unidad más ligada que las frases de los tipos sustantivo + de + sustantivo o que + oración. Por eso, hay que abandonar la división de sufijos en dos categorías según el contenido semántico tradicional. Un examen del uso periodístico de algunos sufijos proporcionará los datos pertinentes:
-ario En la mayoría de los grupos nominales donde figura este sufijo, destaca el valor "de + sustantivo": arancelario, bancario, comunitario (16), ferroviario, parcelario, tarifario, viario, etc.; pero se emplea también con el valor de "que + oración" en adjetivos como deficitario, superavitario, excedentario, concesionario, etc.
-ícola Se encuentra este sufijo en derivados como agrícola, citrícola, oleícola, selvícola,
vitícola, vitivinícola, etc., con el significado usual "de la + agricultura etc.", aunque a veces se emplea con el sentido original de "que cultiva + sustantivo".
-ífero Es bastante frecuente el vocablo petrolífero, que, según el Diccionario de Uso del Español de Moliner "se dice de los terrenos, etc., que contienen petróleo", y aunque se encuentra a veces con esta aceptación etimológica (cf. terrenos petrolíferos), es más frecuente encontrarlo con el significado "del petróleo". Así, podemos leer en el A B C y en España Semanal grupos nominales como compañías petrolíferas, investigaciones petrolíferas, prospecciones petrolíferas y aún cuestiones petrolíferas (AB C del 7 de julio de 1967) y un grupo petrolífero español (A BC, edición semanal del 9 de mayo de 1968)(17).

Tales ejemplos demuestran que el lenguaje periodístico de España, por lo menos, prefiere emplear petrolífero con el significado "del petróleo" en vez de usar la palabra petrolero que, también según Moliner. acaba de ser admitida con esta acepción por la Academia (18).

(Los periodistas parecen preferir petrolero como sustantivo (el barco) o en función adjetival para referir a este sustantivo: así, en la flota petrolera, (ABC del 16 de junio de 1967, se alude a la flota de petroleros).

-ista Este sufijo revela mejor que ningún otro hasta donde llega la flexibilidad periodística para formar derivados. Además de los adjetivos que suelen conservar un matiz de "partidario o adicto de" (que equivale a una oración de relativo), tales como laborista, izquierdista, maoista, centrista, reformista, extremista, racista, etcétera, se ven otros cuyo fin evidente es evitar el uso de "de + sustantivo" y en los cuales al sufijo no lo queda nada de su contenido semántico original: el cultivo cerealista, tasas inflacionistas, deflacionistas (19), en sentido alcista, etc. (20)

-ivo En voces como ejecutivo, directivo e informativo se perciben claramente el contenido y la derivación verbales, pero en derivados como deportivo y polideportivo se percibe un origen sustantivo que podría dar lugar a otros derivados similares.

Aunque el uso de los afijos parece señalar la preocupación del periodista por escribir clara, concisa y rápidamente, se asoma un hecho linguístico más pertinente en el uso tan frecuente de los adjetivos derivados en los grupos nominales: los derivados parecen unirse más estrechamente al sustantivo calificado que las frases de las que se pueden considerar formas alternativas y de esta manera se produce iin grupo nominal más unido. (Basta comparar los rumores que no se han confirmado con los rumores no confirmados o campaüas contra Espafia con campaFzas antiespañolas para sentir esta unión más estrecha.) A causa de esta identidad de grupo más perceptible se pueden añadir fácilmente otros elementos modificadores (en forma de adjetivos o de frases) para crear un grupo nominal más complejo, como lo demuestran los ejemplos siguientes que son típicos del carácter nominal del lenguaje periodístico:

Consejo Oleícola Internacional; las autoridades docentes alemanas; productos agrícolas excedentarios; los nacionalistas árabes anti~británicos de Aden; un plan hullero nacional; un nivel concertístico más alto; un convenio comercial hispano-colombiano (21). La utilidad de tales grupos salta a la vista si se compara el último grupo con la manera más analítica de expresar el mismo contenido: un convenio de comercio entre España y Colombia.

Aunque indudablemente hace falta un examen más minucioso de estos rasgos del periodismo y del lenguaje formal escrito, quisiéramos sugerir las conclusiones siguientes:

1. El uso tan extendido de los afijos ayuda al periodista a solucionar muchos problemas que presenta la complejidad creciente de la terminología moderna.

2. Tales usos podrían tener en el futuro más repercusiones sobre el lenguaje hablado de las que han tenido hasta ahora.

3. Aprovechando hasta el máximo los recursos de afijación que posee el idioma, el periodista se ve menos obligado a aceptar procedimientos ajenos al carácter del español.

4. Lo importante de los usos especiales como los que hemos presentado estriba en que, aunque parecen rechazar a veces las limitaciones semánticas tradicionales de los afijos, no rebasan las posibilidades inherentes a la estructura morfológica del español, y así confieren al idioma mayor flexibilidad para seguir aumentando su éxito y para construir los grupos nominales complejos exigidos por la vida moderna.

Notas:
(1) Fisonomía del idioma español, 2a. edición, Madrid. Aguilar, 1957, pág. 13.
(2) Véanse las Actas de la Asamblea de Filologia del Primer Congreso de Instituciones Hispánicas, Madrid, Ediciones Culturales, 1964. Las dos comunicaciones aludidas son: S. Gili Gaya, El lenguaie de la ciencia y de la técnica y F. Yndurain, Un ti po de composición nominal, verbo + nombre.
(3) Op. cit, Torno 2, págs. 420-424.

(4) R. J. Alfaro, Diccionario de anglicismos. Madrid. Gredos, 1964, pág. 10.
(5) Véase especialmente el interesantísimo prólogo a este Diccionario: 'El anglicismo en el español contemporáneo'.
(6) La mayoría de las palabras nuevas son sustantivos o adjetivos. De aquí en adelante nos ocupamos únicamente de estas dos clases de palabras.
(7) Mis investigaciones sobre el diálogo teatral (que es la forma escrita que más se aproxima al lenguaje coloquial) de varias obras contemporáneas demuestran que las palabras que tienen una, dos o tres sílabas constituyen más del noventa por ciento del diálogo. Un análisis de las primeras mil palabras más frecuentes registradas en el Frequency Dictionary of Spanish Words de A. Juilland y E. Chang-Rodríguez (Mouton and Co., La Hava, 1964) también revelan un ochenta y nueve por ciento de palabras con menos de cuatro sílabas.
(8) Véase A. Juilland y E. Chang-Rodríguez, Op. Cit.
(9) Ciencia del lenguaje y arte del estilo, 7a. edición, Madrid, Aguilar, 1966, pág. 336.
(10) Incluso delante de adjetivos "puros". (Cf. Según fuentes no oficiales y Los estados no comunistas).
(11) M. Seco: Diccionario de dudas y dificultades de la lengua española, 5a, edición, Madrid, Aguilar, 1967, pág. 243, y M. Moliner, Diccionario de Uso del español, Madrid, Gredos, 1966-1967, Tomo 2, pág. 513. Seco lo acepta ya como "prefijo negativo de sustantivos y adjetivos", pero Moliner no menciona su ernpleo con adjetivos.
(12) Cf.. el capítulo XIV del Curso superior de sintaxis española de S. Gili Gaya (Barcelona, Spes, 1964), que se titula "Formas no personales del verbo". Aquí el autor consigue un matiz distinto del que ofrecería en esta frase el derivado impersonal.
(13) El empleo frecuente de de es muy característico del lenguaje muy formal (por ejemplo, en las declaraciones o documentos oficiales) y muchas veces el periodista no puede refundir el texto sin riesgo de equívocos. (14) Págs. 131-145 en la edición de Espasa-Calpe, Madrid, 1962.
(15) Según las investigaciones de R. De Gorog sobre 'Trends in Spanish Vocabulary (1913-1963)' (Hispania, vol. XLVIII, 1965, págs. 645-668), este sufijo ha sido muy fecundo para la formación de términos científicos.
(16) Esta palabra se usa mucho actualmente con el significado especial de "del Mercado Común".
(17) M. Seco, op. cit., pág. 263, censura este uso: "No se puede usar este adjetivo con el sentido 'relativo al petróleo', que corresponde a petrolero."
(18) Es interesante notar que en The Economist. Edición para Latinoamérica del 19 de abril de 1968, se ven los siguientes ejemplos (escritos por periodistas hispanoamericanos), donde se conserva la distinción académica: la cifra de producción petrolera de Biafra; la industria petrolera; el campo petrolifero submarino. Aunque poco concluyente, esto indica que una comparación entre los usos periodísticos de todas las áreas de habla española podría arrojar muchos datos interesantes.
(19) Quizá se trate aqui de dos vocablos efímeros, ya que se pueden derivar igualmente inflacionario y deflacionario.
(20) Un ejemplo tomado del vocabulario del fútbol, madridista (cf. el fino interior madridista), además de demostrar esta tendencia, revela que, para el idioma español, la sufijación es un recurso lingüistico sumamente útil, puesto que de un solo vocablo, Madrid, se deriva madrileño, matritense, y madridista (con la evidente elipsis de la palabra Real), para expresar tres conceptos o matices distintos.
(21) El uso frecuente de estos adjetivos compuestos es otro rasgo característico de los largos grupos nominales del periodismo.

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