España ayer y hoy

(Una celebración de 34 años de visitas) [1991, Úbeda, España]

Brian Steel

Copyright © Brian Steel 1991 

Tanto para aquellos lectores que tengan menos de cuarenta años - serán los más, me figuro - como para los que, como yo, se encuentran en esa edad más cómoda entre los cuarenta y los setenta, tendrán algún interés (aunque por razones bastante distintas para cada grupo) las observaciones siguientes hechas durante este enésimo viaje a España desde el año de 1957 (a. de F.G.). Así lo espero y se las brindo, estimados lectores. Les pido tan sólo que se acuerden que si bien me permito ser sincero con ustedes (hoy día suele decirse `vosotros', pero no me sale), en el fondo y a pesar de cuantas pequeñas irritaciones me produce, AMO a su país, al cual llegué hace ya tantos lustros persiguiendo a una guapísima madrileña (que don Camilo Cela lo entenderá muy bien), que después me honró con su amor. A su bendita memoria, a su entrañable familia española, que tanto me ha querido, y a nuestros dos hijos anglo-españoles, o hispano-ingleses (comunitarios, vamos) y a ustedes-vosotros, dedico estas líneas sobre lo que ha quedado constante durante este largo período y lo que ha cambiado.


Lo que no ha cambiado

Ese grandísimo ruido ambiente, que no cesa salvo durante la hora de la siesta. Nada más llegar a España los decibelios suben bastante alcanzando en seguida niveles mediterráneos a los que nosotros del norte tenemos que acostumbrarnos cuanto antes. Es que ustedes-vosotros se gritan mucho, ¡coño! Y si yo gritara tanto me sobrevendría rápidamente un infarto. También las dichosas motos , aunque tan prácticas para esas calles estrechas, contribuyen mucho más ruido del que deberían.

La vida de la calle, en la calle, fuera de casa, la vida del bar, del café, de la cafetería, la cervecería, heladería, pastelería, buñolería, chocolatería (¡qué alegría!) sigue igual y nosotros, los de fuera, seguimos boquiabiertos del tiempo y dinero que se gastan ustedes-vosotros en estas instituciones.

Sigue siendo muy española la aparente división de la mano de obra en dos mitades numéricas. Hay, por un lado, POLICÍAS (de tres ramas y varias autonomías, más los guardas jurados que ahora pululan por los centros de las grandes ciudades) y CAMAREROS, y por otro, todos los demás trabajadores y currelantes del país. Y me pregunto si algún sociólogo ha calculado el enorme coste de todos estos agentes del orden, sobre todo los que parecen pasar el día entero sentados incómodamente en furgonetas estratégicamente estacionadas ``por si acaso''. La suma de sus sueldos debe ser astronómica, tanto para financiar algún país del Tercer Mundo durante por lo menos un par de meses.

Menos polémico es el buen uso y disfrute constante de los hermosos parques, jardines y glorietas por parte de todos los sectores de la población. )Qué gusto!

Siempre me ha impresionado, y no deja de hacerlo actualmente, lo extraordinariamente bien ataviados, calzados, y maquillados que van la inmensa mayoría de los españoles de la clase (más o menos) media, especialmente la gente mayor.

También impresionan en Espana los valores humanos de siempre: la fuerza y cohesión de la familia; el cariño evidente y genuino entre las generaciones, por mucho que luego se riñan a cada dos por tres. )Ojalá no tenga efecto nunca ningún ucase de los euroburócratas que vean esto como característica demasiado individual, poco europea. Mejor empleados estarían aquellos señores ((y señoras, señoras!) si hicieran algo para hacer desaparecer de las calles el fenómeno del mendigo, que había desaparecido de las calles capitalinas, y que en estos últimos años de prosperidad ha vuelto a asomar la cara.

El menú del dia (o de la casa) y su excelente valor, imbatible, sigue siendo una realidad muy apreciada por los de fuera (y de dentro, claro). Celebro la desaparición virtual, por innecesario, de aquel Libro de Reclamaciones (cuyo fantasma acumula polvo en las cocinas de los restaurantes). Esto demuestra la honradez española (y no vamos a hablar de las trescientas pesetas que me clavó el otro día ese taxista madrileño. Debe ser C antes se decía `debe de ser' C la excepción que confirma la regla).

Los niños, los obreros, los soldados y algún otro varón siguen tocándose en público con una frecuencia y una energía desconcertantes las partes pudendas, señal de que, todavía en estos años prósperos siguen llevando el pantalón demasiado apretado, supongo.

Se siguen exhibiendo lo pícaro y la chispa, aunque no sólo en forma de burradas, sino también en avisos y pintadas graciosos, por ejemplo: ``No me toques los claxones.'' (visto en la luneta trasera de un coche). Y el hombre de la calle parece tan dispuesto como siempre a describir las cosas como a él le parecen. De ahí las referencias jocosas a la pobre nueva peseta tan minúscula y esmirriada, la lenteja, y a la Torre de Telecomunicaciones de Madrid: el Pirulín ( y otros epítetos de esos que estudiaba don Camilo, quien tampoco ha cambiado demasiado en estos últimos 34 años).

Pasemos ahora a unas cuantas quejas sobre algunos fenómenos que no cambian.

1. )Cuándo se pronunciará la Comunidad Europea en contra de la nefasta e insana costumbre ()tic nervioso?) de ESCUPIR tan medievalmente en la calle? (En cuanto a la curiosísima pero castiza costumbre de ``comer" y escupir cascaritas de pipas, no me atrevo a decir nada.)

2. Con tanto turismo en y por España, con la existencia de varias Escuelas Universitarias de Traductores que antes no existían, )cómo se explica Cy cómo se tolera C que los famosos ``tour operators'', quienes ofrecen excursiones en autocar en las capitales de España, sigan permitiendo, año tras año, la redacción y publicación de folletos turísticos con unas traducciones macarrónicas al inglés (y probablemente al francés y al alemán)? Los folletos se entienden más o menos bien pero esos errores de traducción garrafales deben reforzar cualquier duda sobre el nivel de la cultura española en la mente de un buen porcentaje de los turistas. (Vaya ejemplo para esta nueva generación de futuros ``eurócratas'' españoles que tanto necesitan dominar el inglés y el francés para lograr un empleo bueno!

3. )Y por qué no se ha enderezado la deficiencia administrativa en la empresa pública que permite que en las oficinas de Correos C hasta en las principales C haya muchas veces ((casi todas!) escasez de sellos de valores medio y alto. Si una postal, de los millones que se envían fuera, cuesta cuarenta y cinco pesetas para Europa, )por qué hay que cubrir casi la mitad de la superficie de la postal con dos sellos de veinte y uno de cinco? Y para las cartas a Australia, con sus noventa pesetas (mínimo), no digamos. )Una nimiedad, dice usted? No, señor/señora/señorita. Dígame en qué otro país desarrollado ha visto usted algo semejante.

Más preocupante y quizá atavístico (quizá tanto como el cojonitacto y los escupitazos mencionados) me pareció hace un par de meses un puesto de tiro en la Feria de San Isidro, de Madrid. había que tirar al blanco, claro, y se ofrecían premios atractivos a la buena puntería. )El blanco? El pezón izquierdo (me fijé bien, atavísticamente) de unos maniquíes de madera de la Marilyn Monroe y de otras bellezas de semejante `despampananza'. )Y nadie dice nada a estas alturas liberadísimas?


Los cambios

En cualquier país suceden muchos cambios en el transcurso de 34 años; en la España de los últimos 7 lustros quizá ha habido más que en muchos otros países europeos. Ustedes-vosotros los han vivido y yo los he observado algunos al volver al país en cada uno de mis viajes.

Los mayores cambios son los más evidentes y conocidos: la democracia y la gran prosperidad económica, con las enormes consecuencias que han traído consigo, especialmente las que tienen que ver con la futura super- y con- vivencia: la defensa de la ecología y la protección al consumidor.

En todo esto y en muchos aspectos más, remontar desde el momento actual hasta aquel año remoto de 1957 parece viajar a otro país o incluso a otro mundo. Por ejemplo, los viajes. Tanto para viajar en tren como para tomar el autocar de largo recorrido han desaparecido las colas bulliciosas, desordenadas y malhumoradas. Ahora tenemos orden, ordenadores y una relativa rapidez para conseguir el billete. Los trenes TALGO C )cuántos se acuerdan de dónde viene esta sigla o que figura como un componente los nombres de los inventores, los Señores Goicoechea y Oriol (Don Alejandro y Don José Luis, por más señas)? Los trenes TALGO, decía, antes sólo se veían en el trayecto Irún-Madrid y cabían muy pocos pasajeros, pero todos en primera clase, claro. Se trataba entonces de otro servicio a disposiciónde los pocos. Ahora estos trenes de apariencia tan ligera y elegante zigzaguean por toda la piel de toro a todos los destinos, en dos clases económicas. Llevan a miles de pasajeros cada día a un precio asequible para la mayoría de los bolsillos. En segunda clase del Talgo también se viaja cómoda y rápidamente, aunque ya no se nos trate a cuerpo de rey y aunque haya que llevarse la propia comida como en la mayoría de los trenes de antaño.

Y además, ``Los trenes ya no fuman. No fumen en los trenes.'' Un aviso impensable hace treinta años. Y eso que en España se continúa fumando demasiado, como si por aquí no se hubiera descubierto y demostrado que es una costumbre peligrosísima para la salud, no tan distinta de la ruleta rusa, aunque más lenta. Aquí se fuma MUCHO más que en otros países y parece que la legislación española sobre la publicidad del tabaco no se equiparará con la del resto de la Comunidad Europea hasta 1993. (Sin más comentario, pero que conste.)

En cambio, a la hora de comer, por lo menos en los restaurantes económicos (por cierto muy buenos), que son los que más frecuento, observo que la mayoría de ``los de ahora'' (o sea, los que tienen menos años que yo) beben agua mineral, prescindiendo del vino incluido en el menú del día (ese maravilloso invento español - que me ha salvado de la inanición más de una vez en años anteriores y que sigue ayudándome a lograr que mi presupuesto de viajero modesto dé de sí (y que todavía quede algo para dejar una propina, las más modestas de Europa, sin duda alguna). Y de esta gente, seguro que muchos compran parte de su comida casera en los herbolarios y que comen pan integral. Otro indicio de los cambios gastronómicos son los pequeños sobres de 2 gramos de DESCAFEINADO que se piden con leche hirviendo para no abusar del delicioso café español (que, según se nos viene enseñando, es, como casi todo lo bueno y placentero, traicionero y peligroso).

Ustedes-vosotros los españoles ya se han acostumbrado a la invasión multimillonaria de los turistas extranjeros. Llegan en vuelos chárter, tan asiduamente cortejados y seducidos por las grandes agencias de viajes, en unos ``paquetes'' (así lo llaman ellos) a precios irrisorios. Muchas veces ni saben dónde están, ni falta les hace con tal que haya sol, comida y bebidas. Éstos no notarán que los precios españoles se han disparado, sobre todo durante los dos últimos años. Pero los sufridos viajeros independientes, que traemos muchísimas más divisas al país, sí lo notamos y mucho me temo que algunos de éstos, no tan cautivados como yo, ya se están buscando otros destinos vacacionales menos caros.

Lo que pasa es que llevamos ya tantos años acostumbrados a la baratura de casi todo en Barataria, digo, España (excepto, claro, el timo de la estampita), que la rápida equiparación de los precios españoles con aquellos de otros países miembros de la Comunidad Europea nos ha sorprendido y desconcertado. No es que me queje de esto, sobre todo sabiendo bastante sobre los otros precios irrisorios C de altos C de los hoteles de Londres y de otras capitales europeas. Sólo lo constato como un dato pertinente a este pequeño ensayo y que podría afectar la afluencia futura a España del turista independiente.

Y una vez aquí, en el hotel, y en la primera salida, a la calle, )qué es lo que observamos los que tantos viajes hemos hecho a este país? Los españoles de hoy siguen siendo muy ... españoles, pero más europeos también (especialmente los catalanes). Su vida, superficialmente, es la misma: Trabajan demasiadas horas al día (aunque, eso sí, con muchas interrupciones de tipo social: visitas al bar, a la cafetería. Parecen tener muchas más satisfacciones materialistas que antes: casa propia, coche, ropa de marcas conocidas, una educación de categoría para los hijos, vacaciones largas, incluso en países extranjeros. Y la gente que antes se clasificaba como ``más humilde''. sobre todo los del campo, también pueden tener su coche y ver cómo sus hijos, a fuerza de estudiar, llegan a hacer los estudios universitarios y a colocarse bien en las profesiones.

Sin embargo, los españoles de hoy, los jóvenes, como en muchos otros países desarrollados, parecen ir mucho más a lo suyo, acostumbrados desde la infancia a que todo se les salga a pedir de boca. No es que no me dé cuenta de la existencia de un porcentaje respetable de ciudadanos que NO participan en esta prosperidad reinante y visible, pero esa división no es nueva. Tampoco es muy distinta de la que se observa en Inglatera, Italia, etc.

Pero volvamos a los jóvenes de hoy. Físicamante son más altos que sus padres. Siguen dotados de una tez y sobre todo un CUTIS (las chicas, por lo menos; no me he fijado mucho en los tíos) que representa la perfecta creación de los genes nacionales y el aceite de oliva. Ese cutis sigue suscitando la admiración y la envidia de los de fuera. PERO C les adelanto que no les va a gustar nada lo que voy a decir ahora C el descubrimiento más triste, más chocante, de las seis últimas semanas de patear las calles de Madrid, Granada y Ubeda ((Sí! Y me gustó.), estudiándolas, mirando a diestra y a siniestra pero sobre todo de reojo, porque soy inglés. (Qué cambiazo! (Qué desilusión! No puedo negar la evidencia de mi encuesta ocular. Primero, quedan pocas, poquísimas, al parecer, de esas bellezas castizas, autoctonas morenas, de tez india C india de la India, que no de Indias C de pelo negro azabache, largo y liso, estirado hacia atrás en moño. Y, por si esto fuera poco, el TIPO de las chicas y de las señoras jóvenes HA CAMBIADO (y no para mejor). Supongo que era inevitable (en esta era de las mutaciones genéticas) que el cambio radical de dieta (coca cola, hamburguesas, comidas rápidas, en vez de la célebre `dieta mediterránea') de los últimos 4 lustros y los efectos solapados y nocivos de la contaminación de las grandes ciudades han engendrado el tipo nuevo (salvando alguna deliciosa excepción) de busto minúsculo y caderamen (gracias, don Camilo) y trasero desproporcionados. (Ojalá estuviera equivocado! Sin embargo, parece ser la nueva verdad! En cambio, quedan frescas en la memoria las chicas y las señoras jóvenes de antaño, quienes eran unas bellezas, muchas de ensueño. (Quedan por hacer otras encuestas similares en otras ciudades de España pero para eso el lector tendrá que esperar a que este servidor vuelva en otra visita). Y ustedes-vosotros, si son de aquí y si son también de los de ayer, )qué opinan?

Al mencionar la contaminación, pensaba en la situación en todas las grandes capitales de Espana, esas ciudades básicamente medievales atascadas por el tránsito y las fábricas del siglo veinte, envenenadas por el humo de los tubos de escape. Ese cambio de la calidad de vida debería figurar bastante alto en cualquier lista de los problemas actuales. Parece mentira que se quejen algunos constantemente de los atascos diarios en el centro de las ciudades sin que nadie haga nada para solucionar el problema. Y el problema es grave, como ustedes-vosotros saben. Respirar cada vez que se sale a la calle es peligroso, no tan peligroso todavía como lo es en la Ciudad de Méjico, pero, de seguir las cosas así, fácilmente podría llegar a serlo. Aquí (como en todas las capitales de Europa) lo que hace falta es un político con agallas y sentido común que impusiera una solución muy radical y dictatorial. La gente protestaría al principio, pero terminarían acostumbrándose.

Para dar un ejemplo de lo que podría ser la vida capitalina sin contaminación de tránsito, miren el Parque del Retiro de Madrid, Allí, donde antes circulaban a su gusto filas de coches nauseabundos, ahora sólo se ven peatones y algún cochecito de bebé (pero ya sin la chacha de antes). Han vuelto la paz y la tranquilidad y es una delicia.

Otro cambio que también es señal de la enorme prosperidad material de este país es la evidente falta de seguridad personal de los habitantes (urbanos). Ahora hay que esconderse en el piso, día y noche, detrás de portales cerrados con llave. Y (ay de aquél que acude a una casa particular o a una oficina sin saber bien el piso exacto! El portero automático es eficiente, implacable e insobornable. Otra señal (más alarmante para el turista) de la misma inseguridad nacional de los españoles es la cantidad enorme de los guardas jurados (muy bien pertrechados de armas). Tienen el trabajo más bien aburrido, pero modestamente retribuido, de vigilar la entrada de los edificios comerciales (de los ministerios y otros edificios gubernamentales ya se encargan la policía oficial, metralleta en mano) tales como joyerías, supermercados, oficinas importantes y las cafeterías MacDonalds (que se han apoderado de los locales mejor situados). En verdad, constituyen estos guardas un verdadero ejército privado ()capitalista?) y no sé si a ustedes/vosotros les molesta esta presencia armada pero supongo que al que se opusiese se le podría citar el hecho tremendo del incendio de 333 coches particulares en Madrid durante los cinco primeros meses del año en curso. Uno concluye que éste será otro indicio más del binomio actual prosperidad-pobreza.

Los serenos (y su chuza) han pasado hace mucho ya a la historia y los porteros ya no tienen que pasar todo el día subempleados en la vigilancia de la entrada de la casa (excepto, quizá todavía en algún barrio de lujo donde los inquilinos de los pisos pueden pagarle bien la tarea). Eso lo deberíamos celebrar ya que ambos empleos (como otros más o menos desparecidos: chachas (de delantal blanco), limpiabotas, abrepuertas, vendedores de cigarrillos sueltos y de chucherías) pertenecían al mundo del subempleo y del subdesarrollo que ya queda tan atrás que algunos lectores jóvenes incluso podrían encontrarlo inverosímil que se los mencione.

Otra presencia rara (no sé si añorado o no), antaño tan ubicua, es la de los curas tradicionales (vestidos como tales y no de clergyman ni de paisano) pero supongo, aunque no me consta, que seguirán existiendo y ejerciendo discretamente su oficio y vocación.

Muy de hoy es la proliferacíon de la Prensa diaria y la multiplicación de los partidos políticos en esta Espana democrática. Antes los únicos verdes que se conocían eran viejos, no políticos.

Me despido, señalando un cambio que me deja perplejo y confuso. Me parece muy bien que después de tantos años de represión de ciertas hablas de este país (el catalán y el vascuence, por ejemplo) se haya hecho justicia no sólo autorizando tal uso sino fomentándolo. (Olé! Pero de ahí a exigir que todo lo escrito aparezca en dos versiones bilingües en todas las autonomías donde se vea como pertinente, aunque sólo haya en ciertos casos una minoría bastante pequena (y rural) de hablantes de la lengua autonómica me parece una política muy despilfarrera.

Claro que en mi pueblo también ha habido un montón de cambios, pero viviendo allí todo el tiempo, no me doy cuenta. Así que les dejo a ustedes-vosotros que me lo describan enviando unas cuartillas llenas de observaciones al periódico, el Times. Chau, como se dice ahora.

 

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